BIENVENIDOS

Somos Vocaciòn..


El ser humano tiene en sì algo de divino, una llamada que trasciende toda su vida. Es llamado por el Divino para que viva en la alegrìa y en una donaciòn sincera en cada momento de ésta historia redimida por Cristo. En medio de la cultura anti-vocacional, nos proponemos replantear que somos vocaciòn, somos llamados, somos escogidos para "ser" y "hacer". No solo al sacerdocio o a la vida consagrada, sino que también a la vida laical, comprometiendonos a ser felices con lo que hacemos.



martes, 5 de marzo de 2013




Fe y Caridad en nuestra realidad de hijos de Dios

La celebración  de la Cuaresma, en el marco del año de la fe, nos ofrece una ocasión  preciosa para meditar sobre la relación  entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es el fruto de la acción del Espíritu Santo.[1] Son las palabras que han de servirnos para  situarnos primeramente en nuestra reflexión, puesto que estamos en el tiempo litúrgico de cuaresma en el que la Iglesia nos invita  al ayuno, la penitencia y la oración para acrisolar nuestro corazón al verdadero amor de Dios que lo llevó al madero de la cruz por nuestra salvación. La fe es  una adhesión a Jesucristo que es la Verdad y Vida, pero que esa adhesión se refleja en la práctica de la caridad. En palabras más sencillas, la fe va acompañada de hechos concretos: Obras.

 Pero la  falta de testimonio, el afán de cumplir con la tradición y las pocas ganas de vivir nuestro Ser de Iglesia, nos han llevado a restarle el valor tan grande que tiene este tiempo litúrgico.  Nos hemos quedado solamente con cargar un anda  o participar como espectadores durante cuaresma y semana santa, pero más aún olvidamos que Dios se  encarnó para venir a salvarnos y le pagamos alejándonos de él.  El hombre ya no busca de ir mas allá de lo que la tecnología le brinda, ya no se interesa por el sacrificio, la oración, el silencio  interior. Ya no busca la verdad, y si no busca la verdad no busca a Cristo. Se enclava en el conformismo y  la pasividad del placer, ya no se arriesga a apostarle todo a sus ideales, pues el temor a equivocarse y a perder lo que tiene, lo han llevado a perder también el sentido de hacer todo en el amor. 

 La familia que es célula de la sociedad se ha visto afectada por todo lo antes dicho cuando los padres de familia ya no contemplan a sus hijos, no les dan muestras de amor, no dan su testimonio de fe, por consiguiente los hijos al ver la falta de testimonio de los padres, pierden también el interés por descubrir el sentido pleno del amor. Ese amor que  nos  nutre de felicidad y gozo, pero que a la vez para alcanzar ese gozo, es necesario padecer. Pero el padecimiento del hijo que no tiene testimonio de sus padres, es aun más grave de lo que pareciera. El joven de hoy busca salidas ante sus dificultades y carencias afectivas, se refugia en vicios, se une a maras, y en el peor de los casos cae en la droga y la delincuencia. ¿Qué hacer ante esto? Basta con mirar a dentro de nuestras conciencias y ahí en el silencio escuchar la voz del Señor, ver nuestras fallas que como humanos tenemos y la actitud  de conversión para dar autentico testimonio de nuestro ser de Cristianos. Es ahí donde el hombre siente, vive y experimenta el valor Divino de la fe, que aun en su condición pecadora, tiene la certeza de que su vida tiene en Cristo un nuevo sentido que le impulsa a dar todo de sí en cada momento de su vida. El hombre aprende a encontrar el sentido de su vida: ser padre, hijo, amigo, compañero y ciertamente a Ser Iglesia. 

Nadie  ha dicho que esto sea fácil, pero tampoco imposible. Pues las muchas voluntades y libertades nos alinean a vivir en un sistema desvirtuado del testimonio y enclavado en la desconfianza del uno con el otro, pero Cristo no llegó a la Triunfante Resurrección después de haber sido recibido un domingo  con ramos sin  sufrir. Más bien, tuvo que sufrir el peso de la cruz, los salivazos, injurias y burlas de aquellos que pedían que se le crucificara. Cuaresma entonces  es tiempo propicio para reconocer el carácter salvífico que Dios me ha dado  en su más grande prueba de amor, a contemplar en el viacrucis, la piedad y el ayuno como  muestra de  unión y confianza en Dios, en practicar la caridad con mis hermanos y solidificar mi fe  dentro de mi Iglesia, pues nuestra iglesia es iglesia de vivos por la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. 

Finalmente termino esta breve reflexión, invitándoles a que no pasemos este tiempo de cuaresma con indiferencias, si no que el cambio para bien sea constante  y sintamos la alegría de ser Católicos. Que Nuestra Señora Consoladora del Carpinelo y San José nos ayuden a estar siempre  “Fortis in fide”[2].

Fraternalmente en Cristo:    
Jose Misael RodrÍguez
Coord. Cateq. Confirmación CVSJ
                                                                                                                                                              


[1]Introducción del Mensaje del PP. Benedicto XVI, Cuaresma 2013
[2] Firmes en la fe