Fe
y Caridad en nuestra realidad de hijos de Dios
La celebración de la Cuaresma, en el marco del año de la fe,
nos ofrece una ocasión preciosa para
meditar sobre la relación entre fe y caridad:
entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es el fruto de la
acción del Espíritu Santo.[1] Son las palabras que han
de servirnos para situarnos primeramente
en nuestra reflexión, puesto que estamos en el tiempo litúrgico de cuaresma en
el que la Iglesia nos invita al ayuno,
la penitencia y la oración para acrisolar nuestro corazón al verdadero amor de
Dios que lo llevó al madero de la cruz por nuestra salvación. La fe es una adhesión a Jesucristo que es la Verdad y
Vida, pero que esa adhesión se refleja en la práctica de la caridad. En
palabras más sencillas, la fe va acompañada de hechos concretos: Obras.
Pero la
falta de testimonio, el afán de cumplir con la tradición y las pocas
ganas de vivir nuestro Ser de Iglesia, nos han llevado a restarle el valor tan
grande que tiene este tiempo litúrgico. Nos
hemos quedado solamente con cargar un anda o participar como espectadores durante
cuaresma y semana santa, pero más aún olvidamos que Dios se encarnó para venir a salvarnos y le pagamos
alejándonos de él. El hombre ya no busca
de ir mas allá de lo que la tecnología le brinda, ya no se interesa por el sacrificio,
la oración, el silencio interior. Ya no
busca la verdad, y si no busca la verdad no busca a Cristo. Se enclava en el
conformismo y la pasividad del placer,
ya no se arriesga a apostarle todo a sus ideales, pues el temor a equivocarse y
a perder lo que tiene, lo han llevado a perder también el sentido de hacer todo
en el amor.
La familia que es célula de la sociedad se ha
visto afectada por todo lo antes dicho cuando los padres de familia ya no
contemplan a sus hijos, no les dan muestras de amor, no dan su testimonio de
fe, por consiguiente los hijos al ver la falta de testimonio de los padres,
pierden también el interés por descubrir el sentido pleno del amor. Ese amor
que nos
nutre de felicidad y gozo, pero que a la vez para alcanzar ese gozo, es
necesario padecer. Pero el padecimiento del hijo que no tiene testimonio de sus
padres, es aun más grave de lo que pareciera. El joven de hoy busca salidas
ante sus dificultades y carencias afectivas, se refugia en vicios, se une a
maras, y en el peor de los casos cae en la droga y la delincuencia. ¿Qué hacer
ante esto? Basta con mirar a dentro de nuestras conciencias y ahí en el
silencio escuchar la voz del Señor, ver nuestras fallas que como humanos tenemos
y la actitud de conversión para dar
autentico testimonio de nuestro ser de Cristianos. Es ahí donde el hombre
siente, vive y experimenta el valor Divino de la fe, que aun en su condición
pecadora, tiene la certeza de que su vida tiene en Cristo un nuevo sentido que
le impulsa a dar todo de sí en cada momento de su vida. El hombre aprende a
encontrar el sentido de su vida: ser padre, hijo, amigo, compañero y ciertamente
a Ser Iglesia.
Nadie ha dicho que esto sea fácil, pero tampoco
imposible. Pues las muchas voluntades y libertades nos alinean a vivir en un
sistema desvirtuado del testimonio y enclavado en la desconfianza del uno con
el otro, pero Cristo no llegó a la Triunfante Resurrección después de haber
sido recibido un domingo con ramos sin sufrir. Más bien, tuvo que sufrir el peso de
la cruz, los salivazos, injurias y burlas de aquellos que pedían que se le
crucificara. Cuaresma entonces es tiempo
propicio para reconocer el carácter salvífico que Dios me ha dado en su más grande prueba de amor, a contemplar
en el viacrucis, la piedad y el ayuno como
muestra de unión y confianza en
Dios, en practicar la caridad con mis hermanos y solidificar mi fe dentro de mi Iglesia, pues nuestra iglesia es
iglesia de vivos por la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Finalmente termino esta breve
reflexión, invitándoles a que no pasemos este tiempo de cuaresma con
indiferencias, si no que el cambio para bien sea constante y sintamos la alegría de ser Católicos. Que
Nuestra Señora Consoladora del Carpinelo y San José nos ayuden a estar
siempre “Fortis in fide”[2].
Fraternalmente
en Cristo:
Jose Misael RodrÍguez
Coord. Cateq. Confirmación CVSJ