Pedro... ¿me amas?
Es la pregunta del evangelio de hoy en la que Cristo
nuevamente nos hace a cada uno de nosotros. ¿Amamos a Cristo?, es realmente una
pregunta que nos interpela y nos tiene
que ayudar a retornar a nuestro ser de Cristianos, pues amar es abrir los
brazos como Pedro y seguirle.
El término apacienta a mis ovejas podría entenderse como un:
CUIDA, DEFIENDE, AYUDA,CONFORTA, QUIERE...
"AMA”, pero no un ejemplo burdo de amor que en la actualidad se da que va más inclinado a
los deseos que no por ser parte de la naturaleza humana son menos importantes,
sino que el Amor del cual se habla es un amor que trasciende, que se siente
abrazado, que está dispuesto a caídas y levantadas, a ser cordero en medio de
lobos, a caminar entre cardos y espinas... más aun a cuidar de los suyos "nuestro prójimo”.
El hermano que vemos a diario, con el que convivimos, con el que estudiamos,
con el que reímos, con el que nos disgustamos, con aquel que a veces somos
indiferentes, con aquel que comparte nuestros ideales y con aquellos que no. Es
ahí donde nuevamente Cristo nos reafirma: APACIENTA MIS OVEJAS.
Aquellos que tenemos la dicha de vivir en comunidad, de
conocer y convivir con diversas maneras de pensar y actuar, pero bajo un mismo
llamado, hoy Cristo nos hace una llamada de amor. Más nos vale hacerle caso si
queremos ser fieles al llamado de Dios y que a semejanza de Pedro, podamos ser
capaces de abrir nuestros brazos como aquel que murió por nosotros en el madero
de la cruz para expresarnos su más grande prueba de amor.
Fraternalmente en Cristo: J. Misael