BIENVENIDOS

Somos Vocaciòn..


El ser humano tiene en sì algo de divino, una llamada que trasciende toda su vida. Es llamado por el Divino para que viva en la alegrìa y en una donaciòn sincera en cada momento de ésta historia redimida por Cristo. En medio de la cultura anti-vocacional, nos proponemos replantear que somos vocaciòn, somos llamados, somos escogidos para "ser" y "hacer". No solo al sacerdocio o a la vida consagrada, sino que también a la vida laical, comprometiendonos a ser felices con lo que hacemos.



viernes, 21 de diciembre de 2012

Fortis in fide
Fortis in fide


¿FE?

A través de la historia, alrededor de las ideologías religiosas y en el transcurso de la vida del ser humano aparece la fe como concepto y como palabra común en el lenguaje diario. Desde los más religiosos hasta los considerados ateos o gnósticos es usada la palabra fe, aunque su contexto pueda ser diferente, la idea central puede ser la misma.

La fe es la creencia y la aceptación total en algo o alguien. Entre los cristianos o simpatizantes de otras religiones, la fe es dirigida a una divinidad. En otros casos la fe puede ir dirigida a una ideología o a una posición específica (por ejemplo: fe en una corriente ideológica como el marxismo, fe en el status quo de la sociedad, etcétera). Lo cierto es que la fe ha movido a muchas personas a la realización de acciones que racionalmente no podrían ser posibles.

En la historia de la salvación de la iglesia judeocristiana Abraham es considerado como el “padre de la fe”. Abraham siguió a Dios y lo obedeció sin tener seguridad alguna, lo hizo todo por fe, creyendo en lo increíble, sin desmayar ni dudar hasta el final. En Jesucristo la fe era la máxima hacia Dios, todos sus milagros, su obediencia estaban dirigidos por la fe.

En los evangelios aparece que Jesús les dijo a sus discípulos: que si tuvieran fe aunque sea tan pequeña como un granito de mostaza podrían mover montañas, porque nada es imposible (Cfr. Mateo 17,20).

Pero la fe es ciega, la fe es la convicción de lo que no se ve. La fe en el ser humano no siempre es cognoscible, muchas veces la fe es irracional, puesto que su fin es la creencia total y la confianza absoluta.

Durante los primeros tiempos de la iglesia católica, la fe resaltaba en el ser humano. En el tiempo en que la iglesia controlaba la mayor parte de los aspectos de gobierno y sociedad, la fe era mucho más ciega de lo normal. En este tiempo sobresale la frase de Tertuliano “Credo quia absurdum” (Creo porque es absurdo).

Durante la época moderna en donde el pensamiento del ser humano resalta con mayor énfasis, la iglesia sufre la “crisis de fe”. Ya no hay creencia absoluta en la palabra de la iglesia quien representa la voz de Cristo; el ser humano empieza a racionar con mayor intensidad. ¿Esto es un problema? No, porque la razón ayuda a que la fe sea sólida, argumento que arrastra desde el Medioevo. San Agustín referente a esto decía “Credo ut intelligam, intelligo ut credam” (Creo para entender, entiendo para creer).

En la actualidad la fe se ha debilitado en el ser humano, en esta ocasión no se debe a la razón del ser humano, sino en la duda del ser humano. En la actualidad el ser humano desea tener una seguridad en todos los aspectos posibles de su humanidad: la posición social, económica, salud entre otras cosas. Cuando pasa esta situación de control el ser humano entra en dudas y la fe se vuelve solo un término a usar. La fe en lo divino deja de existir, incluso la fe en el propio individuo tambalea con la duda de la existencia y lo material.

Desde el contexto en que me encuentro, en medio de un discernimiento vocacional dentro de una congregación religiosa la cual la fe a Dios, su voluntad y su providencia, es un tema muy recalcado por el fundador, he ejercido mi opinión. En la sociedad actual es muy visto ese problema del querer asegurar el mañana. No es malo a cierto grado, pero el exceso y la desesperación de los seres humanos por querer tener certeza de la condición de su vida demuestran que no hay fe. En este caso no solo no hay fe en Dios, sino que no hay fe en el individuo mismo que con sus posibilidades puede sobrevivir a las dificultades.

Concluyo afirmando que la fe ciega puede ser peligrosa a volverse fideísmo (degeneración de la fe, cegando al ser humano por completo), pero la fe acompañada de la razón y absuelta de toda duda fortalece al ser humano en su aspecto humano y espiritual, y es el único camino para encontrar a Dios.

“Creo, Señor, pero aumenta mi fe” (Marcos 9, 24)

J. Alejandro Franco L.
Post. PSSC