¿FE?
A través de la historia, alrededor
de las ideologías religiosas y en el transcurso de la vida del ser humano
aparece la fe como concepto y como palabra común en el lenguaje diario. Desde
los más religiosos hasta los considerados ateos o gnósticos es usada la palabra
fe, aunque su contexto pueda ser diferente, la idea central puede ser la misma.
La fe es la creencia y la aceptación
total en algo o alguien. Entre los cristianos o simpatizantes de otras
religiones, la fe es dirigida a una divinidad. En otros casos la fe puede ir
dirigida a una ideología o a una posición específica (por ejemplo: fe en una
corriente ideológica como el marxismo, fe en el status quo de la sociedad,
etcétera). Lo cierto es que la fe ha movido a muchas personas a la realización
de acciones que racionalmente no podrían ser posibles.
En la historia de la salvación de la
iglesia judeocristiana Abraham es considerado como el “padre de la fe”. Abraham
siguió a Dios y lo obedeció sin tener seguridad alguna, lo hizo todo por fe,
creyendo en lo increíble, sin desmayar ni dudar hasta el final. En Jesucristo
la fe era la máxima hacia Dios, todos sus milagros, su obediencia estaban
dirigidos por la fe.
En los evangelios aparece que Jesús
les dijo a sus discípulos: que si tuvieran fe aunque sea tan pequeña como un
granito de mostaza podrían mover montañas, porque nada es imposible (Cfr. Mateo
17,20).
Pero la fe es ciega, la fe es la
convicción de lo que no se ve. La fe en el ser humano no siempre es
cognoscible, muchas veces la fe es irracional, puesto que su fin es la creencia
total y la confianza absoluta.
Durante los primeros tiempos de la
iglesia católica, la fe resaltaba en el ser humano. En el tiempo en que la
iglesia controlaba la mayor parte de los aspectos de gobierno y sociedad, la fe
era mucho más ciega de lo normal. En este tiempo sobresale la frase de
Tertuliano “Credo quia absurdum” (Creo
porque es absurdo).
Durante la época moderna en donde el
pensamiento del ser humano resalta con mayor énfasis, la iglesia sufre la “crisis
de fe”. Ya no hay creencia absoluta en la palabra de la iglesia quien
representa la voz de Cristo; el ser humano empieza a racionar con mayor intensidad.
¿Esto es un problema? No, porque la razón ayuda a que la fe sea sólida,
argumento que arrastra desde el Medioevo. San Agustín referente a esto decía “Credo ut intelligam, intelligo ut credam”
(Creo para entender, entiendo para creer).
En la actualidad la fe se ha
debilitado en el ser humano, en esta ocasión no se debe a la razón del ser
humano, sino en la duda del ser humano. En la actualidad el ser humano desea
tener una seguridad en todos los aspectos posibles de su humanidad: la posición
social, económica, salud entre otras cosas. Cuando pasa esta situación de
control el ser humano entra en dudas y la fe se vuelve solo un término a usar.
La fe en lo divino deja de existir, incluso la fe en el propio individuo
tambalea con la duda de la existencia y lo material.
Desde el contexto en que me
encuentro, en medio de un discernimiento vocacional dentro de una congregación
religiosa la cual la fe a Dios, su voluntad y su providencia, es un tema muy
recalcado por el fundador, he ejercido mi opinión. En la sociedad actual es muy
visto ese problema del querer asegurar el mañana. No es malo a cierto grado,
pero el exceso y la desesperación de los seres humanos por querer tener certeza
de la condición de su vida demuestran que no hay fe. En este caso no solo no
hay fe en Dios, sino que no hay fe en el individuo mismo que con sus
posibilidades puede sobrevivir a las dificultades.
Concluyo afirmando que la fe ciega
puede ser peligrosa a volverse fideísmo (degeneración de la fe, cegando al ser
humano por completo), pero la fe acompañada de la razón y absuelta de toda duda
fortalece al ser humano en su aspecto humano y espiritual, y es el único camino
para encontrar a Dios.
“Creo, Señor, pero aumenta mi fe”
(Marcos 9, 24)
J. Alejandro Franco L.
Post. PSSC
Gracias joven ilustre por compartir su pensamiento con nosotros
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